miércoles, 11 de noviembre de 2009



Una buena amiga es como una buena historia, sabe a poco pero te llena más que nada. Bárbara es una gran amiga, allí donde quiera que esté, porque está, yo la siento… como siento todas las grandes historias que he leído… como siento a los clásicos, presentes en todas las grandes historias.

Conocí a Bárbara en unas veladas literarias sobre Goethe en el Café Gijón, allá por los años 70. No olvidaré el olor de su pelo, mezclado con el olor del café y los libros… Bárbara hablaba de Goethe con la pasión que solo poseen los invitados al paraíso del arte… Era septiembre y el sol no gritaba así que decidí dar un paseo por el Retiro, las hojas de los plátanos se mostraban cansadas del veraneo, todo lo contrario que las hojas de las tragedias griegas que jamás se cansan de llorar… de emocionar.
Bien, era septiembre he dicho, que me pierdo más que las promesas electorales, así que empecé mis clases en la Complutense. Iba a realizar un máster en clásicos griegos, Eurípides era el elegido para el primer trimestre, y allí frente a Medea, frente al otoño que deseaba nacer y frente a las hojas de los plátanos que deseaban morir… Volvía a aparecer ante mí, Bárbara Heidegguer… Mi amiga, mi historia.

El curso sobre Medea, trató del mito de esta mujer que…

Releíamos una y otra vez Medea:

“A nosotras no nos corresponde pensar, ciertas personas eligen por nosotras”
“Mi cólera es más fuerte que los consejos de mi razón”
“Hay amores cuánto dolor traéis a los humanos”…
“Un hombre sensato no debería jamás educar a sus hijos con un saber excesivo”
“Eso no es valor ni audacia mirar a los ojos de tu propia gente después de haberle hecho tanto daño”…

Que recuerdos…una mujer puede conseguir lo que quiera, esta en sus manos… Claro que si, mira Medea

No hay comentarios: